EL KARMA Nº 153 – MAYO 2013
titulo_libre_directaEK153

Sapientia melior auro. Traducido al román paladino, el saber vale más que el oro. El lema de la Universidad de Deusto, santo, seña y guía de los tres tipos legales de portada, cobra sentido pleno cuando se valoran sus pensiones de jubilación. Hay que saber muy bien utilizar la legalidad que emana de las instituciones para conseguir tanto en tan poco tiempo: 30.000 millones de pesetas entre los tres, en algunos casos a edades muy tempranas. Calculen: 30.000 millones de pesetas dan para 300.000 mensualidades de 600 euros.

Dicho de otro modo. Con semejante cantidad una viuda que actualmente cobra 600 euros de pensión, debería vivir 25.000 años para llevarse a casa la cifra con la que se fueron de sus bancos estos señores. Pero no hagamos demagogia. La pensión media en la Comunidad Autónoma Vasca está en torno a los 1.000 euros. Solo harían falta 14.000 años para que un mileruropensionista en nuestro país disfrutara del grueso de semejante botín. Seguro que Don José Ignacio Goirigolzarri, Don Emilio Ybarra y Don Alfredo Sáenz se lo funden antes. Sapientia melior auro. El que sabe, sabe. Y el que no, a la Universidad Pública. Mientras el presupuesto aguante.

Julio Albitre Polo, director de EL KARMA.

portada_EK153_sumario
Pincha aquí para ver el Sumario.

mayo 23, 2013

Entrebestia – Alfredo Sáenz: “Me llamaban el cobrador del FRAP”

cabecera_EK153_rep01_entr copia
r153_rep_entreb_saenzEl ex Consejero Delegado del Banco Santander contempla con ilusión casi juvenil los años que le quedan por delante. Se siente libre como un pájaro.

El KARMA: ¿Se ha ido o le han echado?
Alfredo Saénz: Me han echado porque me tenía que ir. O he volado a tiempo porque me iban a echar. Bah, uno hace lo que tiene que hacer.

E.K.: ¿Tan grave era que le anularan el indulto?
A.S.: Parece. No cumplía no sé qué estándares de Basilea. Me han asegurado que no me va a faltar de nada si mantengo cerrada la boca por todos. Las penas con indultos son menos. Pero ya con pan…
(Más…)

Solo con Hielo: Pepeína

Hay una nueva droga en el mercado que apuesta fuerte por el extremismo de centro: la Pepeína. No tiene receta y el gobierno es su principal distribuidor.
En fases iniciales su consumo provoca nauseas, anestesia al pueblo, insomnio, irritación, scratches, depresión, delirio, fiebre alta. En estados finales su abuso genera expolio, pánico y terror. Hay vida después de la crisis, para los gusanos que se lo están llevando crudo.
En caso de duda consulte a su médico o farmacéutico, que  a estas alturas, también es de la ETA.

Bosco el Tosco © humorenlared.com

 

Pincha aquí para ir a otras columnas de Bosco el Tosco

Pincha aquí para ir a las columnas de los colaboradores más buscados

mayo 22, 2013

Tipos Legales – Vascos Preferentes

cabecera_EK153_rep01
r153_rep_botinysaenzMientras otros jubilados llevan una vida sencilla y austera gracias a unos ingresos que en una gran mayoría rozan la miseria, los veteranos de la jefatura bancaria no conocen el descanso.

Hace una década, en plena burbuja, la jubilación del copresidente del BBVA Emilio Ybarra y del consejero delegado Pedro Luis Uriarte, le salió al banco por 57 millones de euros. “Coló porque lo cargamos a las reservas, que si no tenemos que despedir a 1.000 mostradoristas”, explica un consigliere centrado en el Plan 2013-2023, que incluye el cobro de protección o pizzo a las personas que pernoctan en los cajeros. Ybarra, (alias El Rubio, alias Tiburón Blanco, alias Pinchalatas) fue un adelantado. Sus problemas con la Justicia a cuenta de unos “dinerillos” depositados en la Isla de Jersey forzaron su salida del negocio. (Más…)

Mens Insana: De viaje con ella

Mi abuela no es amiga de los viajes, pero este merece especialmente la pena: va a conocer a su última nieta. Ya en el tren, busca el contacto visual con la gente. Saluda y entabla conversación a la mínima. Mira a través de su ventanilla y me cuenta. Eso de ahí son olivos. Eso de allá almendros. De nuevo en tierra firme. Es una estación perdida. Mi abuela lo mira todo entre curiosa y escéptica. Se agarra el bolso y, unos pasitos por detrás de mí, no me pierde de vista. Yo tampoco a ella. Mira alrededor como si fuera una extranjera desconfiada. Entramos en una conocida cadena de comida rápida de la estación. Se me hace rarísimo ver a mi abuela ahí. En realidad ver a cualquier abuela. Y más aún verle comer las patatas fritas en el andén mientras esperamos nuestro siguiente tren. (Más…)
Página siguiente »
Contenidos