Kukuxumuxu, Juanma Bajo Ulloa y Pablo Carbonell se alían. Epopeya impagable sobre las virtudes del kalimotxo fabricado con el amor de una madre. Con eso y con una proporcionada mezcla de vino de brick y cocacola, al cincuenta por ciento.
Intentar robar un i-phone (o una plancha, o una gallina…) delante de un grupo de gente y a cara descubierta no es muy buena idea. Hacerlo delante de las cámaras es ya bastante estúpido. Pero equivocarse y salir corriendo con el micrófono de la periodista unido a la unidad móvil se lleva la palma. Muy pensado no parece que estaba el hurto.
La era Reagan hizo mucho daño a los dibujos animados de la época. Pero a los nostálgicos que seguían aquellas series se la sudaba. El estándar “Grupo de machotes con vehículos ultratecnificados vestidos con uniforme de diferente color que se hartaban de pegar tiros pero nunca moría nadie” era todo un clásico. Si se sumaban robots gigantes la nocilla entraba en ebullición.