diciembre 29, 2025

Debajo de la Palmera: Los ojos de Calígula y las piernas de Marilyn Monroe

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Hay gente que está escandalizada por el nivel de agresividad de la política madrileña en general. Comentan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Se dice y escribe, no por nada, sino porque tenemos la tendencia a olvidar lo malo y recordar lo bueno aunque haya mucho cicuta suelto que se crece políticamente destacando lo tóxico y lo basuril de una situación. Es más rentable que hablar de lo positivo y lo real. Pero hay de todo.

Y me voy a los tiempos de Margaret Thatcher con sus entonces colegas europeos de los que Gran Bretaña terminó divorciándose, ¡nada menos! y esto sí supera cualquier insultillo con la boca caliente. Ahí es nada.

Es bueno recordar porque a pesar de lo que se dice contra Pedro Sánchez él sigue nadando en la piscina rodeado de pirañas y tiburones resbalándole las tremebundeces que se dicen de él. Y es que ni se ha roto la España carpetovetónica, ni un plato, ni parece se va a romper nada a pesar de la imagen de Patio de Monipodio que se agranda día a día. No pasa nada.

Y para resolver el día a día angustioso, viene la Navidad con su burrito sabanero.

Aquella del pasado europeo era una relación amor-odio siendo la muy señora Thatcher capaz, durante más de 20 Consejos Europeos, de sacar de quicio a personas cuya fama de bonhomía, flema o tolerancia, como Giulio Andreotti o Helmut Khol estaba muy acreditada. Incluso a personas rebuscadas pero tranquilas como François Mitterrand. El tocamiento de narices de la señora enlatada era proverbial. Y estaba acreditado.

La Comunidad Europea arrojaba en aquellos años del cuplé la misma votación de once a una, como una exagerada goleada futbolística. Pero también y muy curiosamente, la llamada Dama de Hierro, solía despertar, dentro de su autoalimentada imagen de dureza, alguna sensación de arropamiento por parte de sus homólogos.

A sus 65 años seguía cuidando un rasgo de coquetería. Felipe González lo comprobó en alguna ocasión y de modo singular cuando nos vino a visitar en 1988, revestida de un tinte victoriano y contradictorio y con la fuerza del aura del poder que dimanaba la buena señora, hasta el punto de que su vecino más próximo, pero no por ello el más querido, Miterrand, llegó a decir en frase lapidaria que: “tiene los ojos de Calígula y las piernas de Marilyn Monroe.

Si esto se dijera hoy de Meloni, el lío estaría asegurado.

Los ojos de Calígula y las piernas de Marilyn Monroe

En las relaciones donde tampoco faltó coquetería fue con Mijaíl Gorbachov, de quien Margaret Thatcher se preciaba de ser una de sus primeras descubridoras como promesa en aquella URSS de vejestorios, así como con el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush.

A éste le pilló de sorpresa su dimisión, ya camino a Arabia Saudita y de su día de Acción de Gracias con los soldados estadounidenses en el Golfo. Pero no faltó enseguida la llamada telefónica recibida en Downing Street: “Magie, I love you. We love you”. Todo muy caballeroso.

Recuerdo cómo nos vino a visitar al Congreso en 1988 y quiso estar con los portavoces pues no le gustaban los actos de cartón piedra llenos de discursos vacíos, según nos dijo y que por eso le encantaba ir a Westminster y contestar las preguntas parlamentarias, ‘Question Times’, dos veces por semana. Con el trámite lograba dos cosas, según su comentario. “Así me entero de lo que pasa y sobre todo hago trabajar a los míos encontrándome datos para la respuesta a las preguntas”.

Y como habíamos estado en Estrasburgo visitando el Parlamento y a su presidente que era el conservador Lord Plumb que estaba de lo más a gusto en su despacho europeo y nos había dicho solemnemente “Nací inglés y moriré europeo”, le pregunté por aquella frase rotunda.

Con ella nos daba a entender su declaración de inclusión de la Gran Bretaña en aquella incipiente Comunidad y al ser de su mismo partido y siendo ella tan tiquismisquis con todo lo europeo le pregunté que le parecía lo que nos había dicho Lord Plumb.

Me miró sonriendo, puso a su lado su eterno bolso y me dijo: “Lord Plumb nació siendo un granjero y morirá siendo inglés”. Esa fue su declaración sobre la europeidad del Lord. Como así fue.

Esa era la buena señora que tenía los ojos de Calígula y las piernas de Marilyn Monroe.

Iñaki Anasagasti © elkarma.eus

 

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