Flims: Avatar – Fuego y ceniza
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Uno de los rasgos más preocupantes del cine de Hollywood actual es que, muerto el medio presupuesto y siendo obligatorias las producciones evento para lograr captar espectadores, la necesidad de que las películas se parezcan a videojuegos, y de los mediocres, contamina las actitudes de sus responsables. Así, James Cameron ha decidido convertirse en un troll fornitero. Y es que le está haciendo un teabag (gesto de victoria consistente en restregar la masa escrotal por la cara del enemigo derrotado tendido en el suelo) a Nickleodeon. No sólo logró birlarle el nombre de marca de una de sus series de dibujos animados estrella cuando estrenó Avatar en 2009, vilipendiada más tarde por el señor Shyamalan, sino que ha terminado arrebatándole la idea del argé que justificaba la serie de animación. Así, en 2022 nos trajo Avatar: El sentido del agua y ahora hace lo propio con su secuela Avatar: Fuego y ceniza. Y quedan dos entregas más, centradas como no podía se de otra manera, en los elementos de Tierra y Aire. Julio Medem no ha dicho nada por educación.La trama, que continúa la película anterior, no podía ser más simple: los terrestres son muy malos y convencen a una tribu Na’vi rival de la de los protagonistas buenos para que sean malos también. Con cosas que explotan, pantonera naranja, señores altos con colas USB 3.0 y valores de clase de catecismo de colegio del Opus. Cuánto mejor hubiera sido una mera trilogía dedicada a la Piedra, el Papel y la Tijera. LO MEJOR Que la inmediatista generación Z podrá disfrutar de un relato poco exigente, con menos giros de guion que Teo desayuna. LO PEOR Que el éxito en taquilla de la segunda parte de la serie ha justificado el futuro estreno de la cuarta y la quinta, ya en desarrollo. Horacio Sandoval © elkarma.eus |
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Uno de los rasgos más preocupantes del cine de Hollywood actual es que, muerto el medio presupuesto y siendo obligatorias las producciones evento para lograr captar espectadores, la necesidad de que las películas se parezcan a videojuegos, y de los mediocres, contamina las actitudes de sus responsables. Así, James Cameron ha decidido convertirse en un troll fornitero. Y es que le está haciendo un teabag (gesto de victoria consistente en restregar la masa escrotal por la cara del enemigo derrotado tendido en el suelo) a Nickleodeon. No sólo logró birlarle el nombre de marca de una de sus series de dibujos animados estrella cuando estrenó Avatar en 2009, vilipendiada más tarde por el señor Shyamalan, sino que ha terminado arrebatándole la idea del argé que justificaba la serie de animación. Así, en 2022 nos trajo Avatar: El sentido del agua y ahora hace lo propio con su secuela Avatar: Fuego y ceniza. Y quedan dos entregas más, centradas como no podía se de otra manera, en los elementos de Tierra y Aire. Julio Medem no ha dicho nada por educación.
