enero 28, 2026

En primera persona: Ansiedad

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Como neurótico que coquetea peligrosamente con el trastorno obsesivo compulsivo, mis líneas rojas (que cruzo constantemente, faltaría más) en el ámbito de los videojuegos son dos: las misiones con coleccionables y el completismo narrativo. Entiéndase esto último como la necesidad, prácticamente patológica, por saber cualquier detalle, por más absurdo e innecesario que sea, de lo acontecido con personajes y tramas de juegos que sigo. Como tengo TOC pero no soy gilipollas y también tengo una vida, esta sed de lore es selectiva. La puedo dejar cuando quiera. O eso me digo a mí mismo. Así que elijo bien qué cómics precuela de futuros videojuegos me leo. Los del Assassin’s Creed sí, aquel del Mirror’s Edge Catalyst no. Por ejemplo. Cosas mías.

El problema es cuando el TOC completista te da una colleja que no te esperas. Más de un año después de haber disfrutado de (algunos de) los episodios de la serie de animación de Netflix Secret Level, en especial el dedicado a The Outer Worlds, estoy jugando a la secuela del videojuego. Y en medio de una quest secundaria, de esas que alguien sin mi trastorno dejaría de lado, me encuentro con el avejentado protagonista de aquel trágico corto. Y me cuenta su triste historia, que ya me sé, camuflada bajo capas de resiliencia impuesta, autocompasión reprimida y amarga ingenuidad. Conmovido en mi adicción por saberlo todo me pregunto cuántos de esos secretos transmedia me habré podido perder. Ansiedad.

Oskar Cano © elkarma.eus

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