Cómic: El botones Sacarino
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EL BOTONES SACARINOFrancisco Ibáñez Ediciones B La raya que separa el homenaje del plagio es muy fina y, a menudo, discontinua. En el caso del cómic estatal los ejemplos, confesos o no, se suceden desde hace décadas. Así, los hermanos Zipi y Zape de Escobar eran un remedo evidente de los Katzenjammer Kids, del dibujante alemán Rudolph Dirks, amparándose el historietista catalán en que el lector español medio no tendría ni pajolera idea de quiénes eran aquellos niños teutones. En el caso del Anacleto de Vázquez se podía ser más indulgente, ya que la inspiración del superagente en James Bond era tan obvia que la parodia no llamaba a engaño. O al menos eso dice engaño, que estuvo pendiente del teléfono. Pero si existió un especialista en tomar préstamos, por decirlo de una manera amable, ese fue el estajanovista (o no tanto, habida cuenta del equipo de ‘negros’, con perdón, que mantenía ocultos con grilletes en el sótano de su casa) Francisco Ibáñez. En 1963 creó para la revista DDT a El Botones Sacarino, gemelo bivitelino de los francobelgas Gastón (o Tomás) el Gafe, de Franquin, y Spirou, de Rob-Vel Sacarino es el improbable chico para todo del periódico El Aullido Vespertino (y más tarde de DDT), cuya dispraxia galopante, lejos de otorgarle una incapacidad permanente absoluta que le permitiera vivir de una pensión, le granjea los odios de la redacción. Especialmente del director de la publicación y del presidente del grupo editorial. A pesar de que los guiones eran repetitivos, y de que el propio Ibáñez acabó abandonando a su criatura en el hospicio para centrarse en Mortadelo y Filemón, debemos a Sacarino que popularizara llevar el ombligo al aire mucho antes que Cher, Britney Spears o Shakira. © elkarma.eus |
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EL BOTONES SACARINO
