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Las previsiones se cumplen. Todo lo que podía empeorar ha empeorado y no parece que la situación vaya a mejorar. La violencia y la fuerza bruta en manos de quienes no tienen reparos en utilizarlas para mejorar sus posiciones, nos llevan a un futuro muy incierto.
Mucha gente inocente lo está pagando con sus vidas en Palestina, Irán, Líbano, Ucrania y otros lugares olvidados del planeta.
A lo que parece es una situación que muchos anhelaban, pues a sus perpetradores los elevaron al poder con la fuerza de sus votos. De nada sirvió que fuera obvio que solo buscaban más beneficios particulares, en el caso de Trump; o distraer a su opinión pública cuando la situación legal y electoral les volvía la cara, como a Netanyahu o Putin. Otra guerra no es mayor problema si les permite continuar aferrados al poder.
Ninguno de ellos tiene rango ético, ni legitimidad moral para ocupar el puesto que ocupa. Su comportamiento diario así lo atestigua, pero a la par son los menos preocupados por este tipo de cuestiones. Tampoco la sociedad civil se lo demanda. Al contrario, muchos les aplauden. Vivimos un apagón de las conciencias.
Por eso el futuro pinta negro. Veremos cuando se complique aún más…
Miguel Fernández © elkarma.eus
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