julio 9, 2026

Campus Kanpo: Canciones

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He cumplido cuarenta años. Lo sé porque una canción ya no dura tres minutos, dura media vida. Suenan The Cranberries y vuelvo a mi habitación de adolescente. Llega Green Day y recupero el acné emocional. Escucho Nirvana, Dover o No Doubt y, durante unos segundos, vuelvo a tener quince años. Lo mejor es que nuestra generación podía saltar de Shakira a The Offspring, de Laura Pausini a Molotov, de Eminem a Backstreet Boys, de Avril Lavigne a El Canto del Loco, de Estopa a Nirvana… y nadie pedía explicaciones. Éramos felices en nuestra incoherencia.

Pero al cumplir los cuarenta, algo cambia. Antes defendíamos nuestros gustos musicales. Ahora fingimos como auténticos expertos. Escuchamos a Rosalía o Bad Bunny y soltamos discursos sobre narrativas, códigos culturales y no sé qué más; todo ello para convencernos de que seguimos siendo jóvenes. Y que seguimos molando, por supuesto. Mentira total. Si nos ponen aquello de “Son las cinco de la mañana y yo no he dormido nada…”, se acabó la tontería. Treinta segundos después estamos gritando “¡ES UNA OBSESIÓOOON!” a pleno pulmón y con la vena del cuello hinchada.

Y sí, por suerte, todavía nos sabemos las letras.

Maite Ortiz de Mendívil © elkarma.eus

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