Flims: Cazafantasmas – Imperio Helado
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Cuando en 2016, 35 años después de que se diera por concluido el binomio cinematográfico originario, fue resucitada la franquicia con una secuela que nadie había pedido, las puertas del más allá se abrieron de par en par y hordas de trolls tomaron el mundo de los vivos para rasgarse las mortajas por haber permitido que cuatro mujeres y Thor mancillaran su infancia. Susceptibilidades heteropatriarcales aparte, el film no convenció, y un lustro después la IP continuó en forma de película para adolescentes que parecía que cerraría el arco de manera razonablemente satisfactoria. Pero ningún chicle está lo suficientemente estirado hasta que no se le va del todo el sabor. Así que nos llega Cazafantasmas: Imperio Helado. Y no, no es un biopic de Luis Suñer, fundador de Avidesa. (Más…) |
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Cuando en 2016, 35 años después de que se diera por concluido el binomio cinematográfico originario, fue resucitada la franquicia con una secuela que nadie había pedido, las puertas del más allá se abrieron de par en par y hordas de trolls tomaron el mundo de los vivos para rasgarse las mortajas por haber permitido que cuatro mujeres y Thor mancillaran su infancia. Susceptibilidades heteropatriarcales aparte, el film no convenció, y un lustro después la IP continuó en forma de película para adolescentes que parecía que cerraría el arco de manera razonablemente satisfactoria. Pero ningún chicle está lo suficientemente estirado hasta que no se le va del todo el sabor. Así que nos llega Cazafantasmas: Imperio Helado. Y no, no es un biopic de Luis Suñer, fundador de Avidesa. 
Que sí. Que ya lo sé. Que es por amortizar la IP antes de que caduquen los derechos. Que no tiene nada que ver con un interés genuino por explorar la génesis de los personajes legendarios que cautivaron a varias generaciones y bla, bla, bla. Que vale, que muy bien, que Maléfica y Cruella no están del todo mal para tratarse de exploits que persiguen atraer al lado luminoso a las villanas de Disney en una maniobra a medio camino entre el wokismo bien entendido y la justificación determinista, para nada banal, del mal. Pero que Warner trate de emular la fórmula de su rival con un personaje cuya fuerza reside precisamente en su ambigüedad moral como es Willy Wonka resulta tan hilarante como que el estudio Gibli estrenase las aventuras de un Hitler niño en el coqueto pueblo de Braunau am Inn. 


