enero 28, 2026

En primera persona: Ansiedad

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Como neurótico que coquetea peligrosamente con el trastorno obsesivo compulsivo, mis líneas rojas (que cruzo constantemente, faltaría más) en el ámbito de los videojuegos son dos: las misiones con coleccionables y el completismo narrativo. Entiéndase esto último como la necesidad, prácticamente patológica, por saber cualquier detalle, por más absurdo e innecesario que sea, de lo acontecido con personajes y tramas de juegos que sigo. Como tengo TOC pero no soy gilipollas y también tengo una vida, esta sed de lore es selectiva. La puedo dejar cuando quiera. O eso me digo a mí mismo. Así que elijo bien qué cómics precuela de futuros videojuegos me leo. Los del Assassin’s Creed sí, aquel del Mirror’s Edge Catalyst no. Por ejemplo. Cosas mías. (Más…)

noviembre 2, 2025

En primera persona: Segunda Enmienda

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Se ha montado pardísima con el asesinato de Charlie Kirk, el apóstol de la Segunda Enmienda que venía a decir que los tiroteos masivos en institutos estadounidenses eran un pequeño precio a pagar por salvaguardar el sacrosanto derecho constitucional de poseer armas de fuego como para una boda. El presunto asesino, Tyler Robinson, había grabado en la vaina de una bala no disparada la secuencia de símbolos ↑ → ↓ ↓ ↓, que es el código de entrada para invocar la Eagle 500KG Bomb, una de las armas más destructivas del juego Helldivers 2. La comunidad biempensante de la tierra de los valientes ha puesto el grito en el cielo, se ha echado las manos a la cabeza y ha vuelto a acusar a los videojuegos de incitar a la violencia. No como los discursos incendiarios de extrema derecha de Kirk, que todavía nadie se explica cómo nunca le llamaron para acudir de estrella invitada a Barrio Sésamo. (Más…)

julio 30, 2025

En primera persona: Ludocracia

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Aunque soy una de esas personas que lamentan que la industria de los videojuegos tal como la conocemos esté llamada a desaparecer ante el auge de los juegos de móvil, uno tiene sus contradicciones. De forma y modo que tengo instalado uno de esos juegos casual clónicos del seminal Candy Crash, deudor por otro lado de las mecánicas del Tetris pero diseñado para esa gente que encuentra en la estética cute su lugar seguro. Y así paso el rato en viajes de metro, durante conversaciones telefónicas poco gratificantes o defecando (las partidas más largas). Porque leer está sobrevalorado. Yo mismo con mi mismidad. Hasta que caí en el error que cambió para siempre mis procesos procrastinadores. Unirme a un equipo. (Más…)

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