diciembre 22, 2025

Psico: Autonepiofilia aberrante

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La autonepiofilia o infantilismo parafílico es una parafilia que consiste en excitarse sexualmente al comportarse como un niño pequeño, siendo representativa la fijación sexual por los pañales. “Es una filia sexual propia de varones heterosexuales, que generalmente no tiene que ver con una fijación con Concha Velasco, aunque en esta consulta he visto de todo”, comenta Hermenegilda de Anchoa, psicóloga especializada en psicopediatría y papiroflexia terapéutica.

Los autonepiofílicos no sienten atracción pedófila, pero se excitan vistiéndose y comportándose como bebés. “Peligrosos, lo que se dice peligrosos, desde un punto de vista social… no son, la verdad”, continúa de Anchoa. “Pero son un coñazo. Hay que darles de comer haciendo el avión, cambiarles los pañales, bañarles, ponerles polvos de talco, lo que es un poco asqueroso si no les has bañado antes… Una lata. Tener una pareja autonepiofílica está bien para un rato, pero a la larga cansa”. (Más…)

diciembre 15, 2025

Psico: Autorrepresión de impulsos violentos

Los cánones de comportamiento en la sociedad occidental han avanzado hacia la represión de los impulsos animales, hacia el derrocamiento de la dictadura de la amígdala y el paleocórtex. La cortesía y los buenos modales, sin embargo, pueden llevar al individuo a no filtrar su agresividad.

“Puede ser traumático para la persona no ser capaz de dar rienda suelta a la violencia contenida en un momento determinado”, explica el psicólogo Mika Bezazo. “No hablo de emprenderla a patadas con el empleado de una gasolinera porque nos ha dado mal el cambio, pero ahí están los ingleses, que te clavan el paraguas en la ingle para colarse en el autobús mientras de dicen esquius mi. Qué cultura tan avanzada…”, puntualiza. Bezazo es partidario de concienciar a la población de los peligros de un excesivo autocontrol mal entendido. (Más…)

septiembre 26, 2025

Psico: Apego emocional a objetos

A lo largo de los meses hemos visto diferentes fenómenos o situaciones en las que el individuo decidía, de forma más superficial o más profunda, temporal o crónica, total o parcial, evadirse de la realidad o dejar la realidad apartada a un plano secundario. Otro ejemplo de disociación entre la realidad (a menudo más mala que una noticia económica publicada en viernes, cargada de preocupación y responsabilidades) y la ficción (más maleable, gobernable y ajustable al estado de ánimo de la persona) es el establecimiento de vínculos emocionales con personas, objetos, paisajes o tradiciones que no existen o, al menos, no interactúan con el individuo.

No me refiero a las galerías de porno en Internet ni a los altares que algunas quinceañeras le construyen en secreto al Fary en su cuarto. Podrían ser ejemplos acertados, pero me centraré en el vínculo que ciertos sujetos tienen con personajes de videojuegos, de libros (cada vez menos) o de películas y series de televisión, así como con el entorno afectivo, laboral, temporal y geográfico de dichos personajes. (Más…)
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