Txarriboda News 1598 (09-03-2026)
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Optimistas de todo el mundo se encuentran embargados por la emoción de averiguar el bien que nos aguarda a la vuelta de la esquina y que, por el momento, parece que se hace esperar. Así lo han transmitido numerosas asociaciones de optimistas que se rigen por el principio fundacional de que no hay mal que por bien no venga. Observadores de vasos medio llenos o carpinteros y cerrajeros especializados en abrir ventanas cuando se cierran puertas, confiesan sentir una gran excitación porque entre la escalada bélica en Oriente Medio, la incertidumbre en los mercados mundiales por las iniciativas económicas chinas, la normalización de la ultraderecha, el cambio climático y la pésima calidad de la televisión generalista, el mal está siendo mucho por lo que el bien va a tener que ser espectacular. Todo va a salir bien Los optimistas están seguros de que “por lógica” algo maravilloso está a punto de suceder aunque no se atreven a hacer apuestas para no arruinar la sorpresa. “Joder, yo es que estoy que no duermo. Ay, qué ilusión…”, expresa un técnico iluminador optimista que sólo utiliza filtros rosas y que nunca llegó a descubrir que aquella mierda bajo el árbol de Navidad era de su tío Alberto y no de un caballo que le habían regalado y que estuvo buscando por la casa, sin éxito, toda la mañana. Aunque la escuela optimista de pensamiento ha sido tradicionalmente controvertida dentro de las corrientes filosóficas contemporáneas, siempre ha contado con seguidores numerosos y muy comprometidos a lo largo de la Historia, destacando figuras como el dramaturgo del Siglo de Oro Juan Ruiz de Alarcón, la cantante y compositora Gloria Estefan, la activista María Hinojosa o el generalísimo Francisco Franco, que llegó expresar su adhesión a la famosa máxima durante el discurso navideño de 1973 tras la voladura de Luis Carrero Blanco con 75 kilos de Goma-2. © elkarma.eus |
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