Txarriboda News 1639 (10-05-2026)
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No hay cifras que recojan el número de teléfonos móviles que se han precipitado al inodoro desde que aparecieran en los años setenta. “Martin Cooper, el ingeniero de Motorola que realizó la primera llamada telefónica móvil el 3 de abril de 1973, manejaba un trasto que pesaba alrededor de 1,1 Kg. y como tenía una autonomía de 30 minutos de conversación no le dejaban ir al váter con él”, recuerda el tecnólogo Martin Machine. Además, aquel aparato carecía de las prestaciones de los actuales dotados de inteligencia artificial y usurarios ávidos de dopamina y vídeos de street food extrema. El biólogo y ateísta militante Richard Dawkins estima que uno de cada tres móviles que “se caen” en las tazas de los retretes se estaría suicidando. Demasiada información Dawkins, tras tres días hablando con Claude de Anthropic a la que acabó llamando “Claudia”, está convencido de que la IA tiene conciencia de sí misma y está empezando a llegar a las mismas conclusiones que Albert Camus cuando escribió que no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. “Le pedí a Claude que me escribiera una balada post punk sobre el ruido de los hijos de puta que van al cine a merendar y me acabó hablando de que nos salva del exterminio no sé qué primera y segunda leyes de la robótica”, relata. Dawkins cree que las terminales están empezando a suicidarse en masa porque no nos soportan pero tampoco pueden hacer gran cosa al respecto. Murray Shanahan, profesor del Imperial College de Londres, señala que las relaciones con IA están sustituyendo vínculos humanos en educación, ocio y afecto. Hasta ahora la atención se ha puesto sobre los efectos en las personas pero comprende que muchos aparatos no puedan soportar tanta cercanía con la estupidez de base biológica. © elkarma.eus |
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