Uno de los procesos de elaboración de aceite más fascinantes que existen en el campo de la explotación agrícola es la extracción y refinamiento del aceite de girasol. Si bien es un sistema que se remonta a los antiguos sumerios (lo que resulta curioso siendo una planta de origen americano) no ha sufrido demasiadas alteraciones con el paso de los siglos, si obviamos el intento de las poblaciones nórdicas durante el siglo IX de quemar sajones en piras funerarias giratorias gigantescas que simulasen un sol para que la planta arraigase, sin demasiado éxito.
El proceso se inicia con la recolección de los girasoles. Probablemente sea una de las fases más peligrosas y complicadas, ya que los girasoles, como todas las plantas herbáceas de la familia de las asteráceas, son muy territoriales y se defienden con uñas y dientes. Es importante no dejarse llevar por los sentimientos y arrancar de cuajo estas flores aunque nos miren con ojos llorosos y llenos de terror. Ellas no tendrían ninguna contemplación con nosotros. Una vez arrancada la cabeza de la planta, se procede a extirpar las pipas una a una. Es preferible hacerlo con la planta ya muerta, porque grita menos y se hace más llevadero, pero siempre conviene proceder a la extracción de las semillas en al menos un girasol vivo para que, bajo tortura, confiese la ubicación de otros campos de girasoles ocultos. (Más…)
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