|
No hay que ser muy cuco para que, tras lo que ahora referiré, adivinemos la pericia y el celo de la UCO o similar de otras épocas y de tanto protagonismo en la presente. Todo empieza cuando firmé un artículo sobre la desobediencia civil para la revista Ezpala donde, a la luz del sabotaje en el pantano de Itoiz, afirmaba que los actos desobedientes por muy civiles y civilizados que se planearan eran incapaces de eludir un mínimo de coacción, lo que en Ciencias Políticas se llama “Baja Violencia”.
Leído esto por tan avezados expertos, fue resumido como una llamada al uso generalizado de la Violencia, utilizando la desobediencia. También y embutido en un Macro Sumario, decidieron que el autor del falseado texto fuera el coordinador de aquel número monográfico, mucho más mediático que este vuestro plumilla. Así, el bueno de Z, profesor en Políticas, acabó encarcelado unos meses en el armario de la ley. De nada sirvió que sus abogados delataran mi autoría a la diligente judicatura; el profesor Z siguió encausado y yo ileso. Sirva este ejemplo para reivindicar el poder de la literatura, en este caso la policial, siempre por encima de la anodina realidad. (Más…)
|