julio 4, 2026

Juego de niños: El subrayador

columna_elene_cabecera_gr

No hace ruido. No rompe nada. Sólo abre un libro ajeno y lo subraya. Elige la biblioteca pública porque en la librería hay que pagar, y pagar duele más que leer. Es el lector visionario. Cree que el mundo espera su nota al margen, su subrayado de “soledad» tras los Cien años de García Márquez. “¡Importante!”, escribe. Señala con flechas lo que le llama la atención, “ojo”, “tal cual”. Y te lo tienes que comer. El subrayador roba la primera lectura limpia a todos los que vienen después. Quiere que alguien, algún día, encuentre su “¡¡Verdad!!” y le admire desde el más allá del carnet de la biblioteca. Cree que compartir es rayar. Que su Bic es una beca de investigación. (Más…)

abril 4, 2026

Juego de niños: Ventanilla única

columna_elene_cabecera_gr

En Lanzarote, la isla donde el tiempo es piedra volcánica, visité la casa-museo del gran César Manrique. El juego de presencia-ausencia funciona a la perfección. En toda la isla está el artista. Las esculturas eólicas, el Mirador del Río, el Jardín de Cactus y tantas otras huellas afortunadas. Es en la casa-museo de Haría donde se siente su ausencia de una manera casi física. Sus espacios cotidianos, presentados tal como quedaron, no sugieren su regreso, sino que proclaman su enorme falta. Y así, como quien no quiere la cosa, me he puesto a pensar en mi propia vida, todavía habitada por mí. No sé si soy un edificio histórico o un loft lleno de posibilidades. Lo que tengo claro es que no pienso pasar la I.T.E. (Inspección Técnica de la Existencia). Proclamo la insumisión burocrática. Por otro lado, últimamente he comprendido que no necesito ningún sello de la Consejería de Actos Creativos, ni rellenar formulario alguno para el Ministerio de Intensidad Artística. (Más…)

enero 2, 2026

Juego de niños: Perfil singular

columna_elene_cabecera_gr

Fui a un casting en una ciudad improbable. Fui en autobús. Un trayecto lo bastante largo como para replantearme la vida un par de veces y lo bastante corto como para no llegar a ninguna conclusión.

El barrio al que debía dirigirme parecía diseñado por un urbanista con migraña. Escaleras a ninguna parte, plazuelas ilusorias, subidas sin motivo, bajadas con sospecha. Y entonces, la visión: una especie de búnker mastodóntico coronado por una casita con tejado a dos aguas, vegetación feroz y ventanas inquietantes. Todo perfectamente imposible, entre el thriller y el género fantástico.

“David Lynch que estás en los cielos”, recé. “El mundo es extraño por fuera y salvaje por dentro. O al revés. O las dos cosas a la vez, que para el caso es lo mismo”. (Más…)

Página siguiente »