abril 9, 2026

Campus Kanpo: Ex chicas fiesteras

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Las ex chicas fiesteras somos las mejores madres. No es nostalgia. Es puro entrenamiento militar. Somos armas biológicas con tetas, ojeras nucleares y un currículum de guerra que haría palidecer a cualquiera.

Botellones con disolvente industrial. Minifaldas porque solo sentíamos frío en los brazos. Tacones que se rendían antes que nosotras y amaneceres oliendo a tabaco rancio, kebab dudoso y recuerdos borrosos de los que nadie hablaba después. Ahí se templó el puto titanio.

Así que cuando el crío despierta a las 3:47 porque “el dinosaurio está triste” o se muere de sed… ¡Por favor! Eso no es crisis existencial. Es Candy Crush de la vida real.

Los niños creen que nos están destrozando la paciencia. ¡Qué tiernos! Están tratando de negociar con veteranas de suelos pegajosos, reguetón a las cuatro de la mañana y resacas apocalípticas. Comparado con ciertas decisiones presidenciales recientes, un niño de cuatro años en plena pataleta es un diplomático de la ONU nivel experto. (Más…)

enero 7, 2026

Campus Kanpo: Con intención

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Hago propósitos de año nuevo porque queda mejor que reconocer que necesito vacaciones de mi propia cabeza. Este 2026 me cuidaré más, sí. Lo juro mientras ceno las sobras de mi hijo y fantaseo con un café con cafeína que no sea ciencia ficción ni se enfríe antes de poder beberlo.

Me organizaré mejor. El drama no es hacer continuamente la labor de tres personas, sino que no sé usar Google Calendar como un adulto funcional.

Enteramente mi culpa. Prometo paciencia. ¿Para qué gritar? ¡Si puedo repetir mil novecientas noventa y nueve veces lo mismo sin que nadie se entere y aquí no pasa absolutamente nada!

Me regalaré tiempo. Cinco minutos. A solas. Sin humanos. Spa emocional de mercadillo. Tampoco me compararé con vidas de Instagram que viven en modo zen, hornean pan de unicornio, facturan desde Bali y no conocen el concepto “ojeras”. (Más…)

octubre 11, 2025

Campus Kanpo: Fachas de hoy en día

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He cambiado el telediario por la piscina.Antes ser facha era pan comido: retrato de Franco en la repisa y politono del NODO en el Nokia 3310. Hoy el pollo ya no se ondea en la bandera, se pide con patatas a través de una app. Basta con gritar que los impuestos son un robo mientras renuevas Amazon Prime para que el paquete te lo suelte un dron en el felpudo a ritmo de Fórmula 1. Antes llamabas al médico y tenías cita en el día; ahora te tragas semanas de espera y acabas pillando un seguro privado.

El facha 2.0 no desfila, binge-watchea; no alza el brazo, agita la factura de su asesor en Andorra. Además, ahora las influencers del exilio dorado vuelven a España al descubrir que aquí la quimio no se cobra como la entrada a una bacanal de Diddy. Mientras Palestina sangra y Trump monta su circo de tres pistas y una neurona, aquí el drama nacional es IRPF o disfraz de nómada digital. Veo en TikTok cómo una barca de inmigrantes encalla en la orilla y la gente la empuja de vuelta al mar como si fuera un bote averiado. Ese es el cuadro: facha Prime y woke de quinoa bio, el reinado del yo primero. Lo común muriendo en la barra del bar, mientras todos marcan menú individual para llevar, like incluido.

Maite Ortiz de Mendívil © elkarma.eus

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